Tu empresa no es más moderna por tener más ordenadores

Como siempre digo, digitalizar un negocio no es necesariamente introducir más tecnología. La transformación digital de una empresa se hace muy difícil si antes de eso no se ha producido un cambio cultural, de la mano de los directivos y trabajadores de todos los niveles. Nuestro trabajo como líderes consiste en atender a los nuevos patrones de consumo y ayudar al equipo para que pueda formar parte del cambio. Escuchándolos y acompañándolos de la mano.

Las compañías están en constante evolución y esto significa que debemos transformarnos, entendiendo los nuevos ecosistemas, las plataformas de venta y los cambios de generación de los consumidores. Una vez tenemos claro este punto, debemos poner la estrategia en paralelo para poder llevar adelante esta transformación y trabajarla con el equipo.

Al hablar de esta transformación tan necesaria, siempre trato de evitar ponerle el apellido “digital”, porque creo que es un error. La mayoría de las veces, el cambio no significa necesariamente introducir nuevos ordenadores, aplicaciones, o programas. Sino entender que el ecosistema ha cambiado y asegurarnos de que todas las partes de la empresa lo entienden y consiguen identificar cuál es su papel en los procesos de mejora.

Uno de los puntos más importantes para llevar adelante una transformación, es el modelado de la cultura de la compañía y trabajar con toda la empresa, en todos los estamentos, para que se sumen al carro de una evolución constante, tras llevar muchos años haciendo las cosas de la misma manera. Es de esta forma cuando nacen las mejores ideas, se adapta, y se consiguen los mejores resultados.

Tener un ordenador de última generación no sirve de nada si quienes lo van a emplear no entienden cuál es su potencial de uso. En España, algunos grupos de taxistas recientemente han preparado nuevas aplicaciones para “adaptarse a los nuevos tiempos”, pero las compañías que tienen identificadas como sus principales rivales, como Cabify o Ubber, no compiten con ellos precisamente por tener una. Su valor diferencial es que ofrecen un servicio diferente, más personalizado para el cliente.

La llegada de la pandemia ha acelerado la transformación de muchos sectores. Otro claro ejemplo es el de la moda. El dueño de Zara anunció que a lo largo de 2021 cerraría más de un centenar de establecimientos en España, catorce de los cuales desaparecieron entre enero y marzo solo en Cataluña. H&M también anunció que prescindirá de 250 tiendas en todo el mundo (el 5% del total). Tendam (Cortefiel, Springfield, Women’Secret) tienen como objetivo triplicar su venta online en los próximos tres años.

Las nuevas generaciones no compran la ropa como se hacía antes, sino a través de Instagram y otras aplicaciones, donde se hacen sus listas y realizan sus pedidos. Si cuando lo reciben, no le gusta, lo devuelven, sin pasar por una tienda.

La cultura de ir a los centros comerciales está desapareciendo, al igual que muchos otros hábitos. Los más mayores hemos vivido algunas de las consecuencias del coronavirus como un acontecimiento al mantener entrevistas por zoom o hacer la compra o tomar una copa con los amigos, cuando los más jóvenes llevaban mucho tiempo haciéndolo. El cambio no es nuevo, únicamente se ha acelerado.

Los empresarios y trabajadores debemos adaptarnos a las nuevas tendencias de consumo intentando entender el cambio generacional. No consume igual un boomer (las personas nacidas entre 1946 y 1964) que un X (1965 y 1981), un Y (1982 y 1994) o un Z (1995 y 2000).

Las diferentes generaciones, tenemos motivaciones totalmente diferentes que nos llevan a enfocar las cosas desde un punto de vista distinto. Una vez identifiquemos los cambios y podamos trasladar una nueva cultura de trabajo a los trabajadores, es cuando conseguiremos una transformación real.

Artículo previamente publicado en Observatorio de Recursos Humanos